Sí, es verdad. Hace tiempo que no escribo. Y no es
porque no tenga ganas ni crea que no estás, porque, aunque no te lo creas,
siento tu energía conectando conmigo cuando pasas tu mirada por estas letras
que salen de mis manos.
Necesitaba tomarme un tiempo para mí, y lo
estoy haciendo. Es como cuando Ross y Rachel se tomaron un descanso, solo que
sin la chica de las fotocopias que lo complicaba todo. Esto es la vida real y yo
no quiero personajes secundarios. Aquí no hay Paolos que vengan a revolucionar
mi mundo y a los que al final me los cargue con un portazo.
No quiero eso. Quiero nada. Quiero vacío. Un
vacío fértil y abierto. Espacio en blanco relajado y tranquilo. Un lienzo de
2x2 sobre un caballete mirando un paisaje violeta. Una o varias puestas de sol.
Un sábado de lluvia, un domingo frío. Un olor a tierra mojada y a yerba (como
me sabe tu nombre). Un suspiro de alivio, una mirada dulce. Un recuerdo que
reconforta como una manta frente al fuego.
Nada de lágrimas, ni conflictos, ni contradicciones.
Sin choques. Sin más alcohol que una copa de vino en mi bañera rodeada de
velas.
No hay nada de malo en tomarse un tiempo,
amigos.
Hasta el mundo se está tomando su tiempo,
se encontraba enfermo y necesitaba sanarse. Y para ello nos ha pedido espacio,
que no le molestemos, nos lo ha pedido a todos, que le demos tiempo para
descansar y curarse, además de recomponerse y replanificarse de manera que no
vuelva a enfermar, al menos por lo mismo.
Todos necesitamos en algún momento (incluso una vez al día y todos los días), tomarnos un descanso. No me pienso sentir culpable por dejar de hacer constantemente cosas productivas para mi o para los demás, o dejar de compartir una historia de Instagram con lo guay que soy y lo bien que me lo paso en mi vida.
Quiero disfrutar sin límites y todo lo
que me apetezca de ese "dolce far niente" del que
hablan en "Come, Reza, Ama", que por cierto me parece una
excelente manera de vivir.
Tanto el mundo como nosotros necesitamos
permitirnos de vez en cuando ese descanso consciente, ese barbecho (cosa
que ahora ni se hace, y eso es muy significativo del tiempo en que vivimos) y
volver a nosotros, recuperar plenamente el control de nuestras vidas y
arrebatárselo a las emociones pasajeras y a las quejas cotidianas que no son
más que excusas que nos ponemos para no mirar lo que nos pasa realmente y tomar
decisiones.
No se trata de vaguear ni tirarse a ver la
tele ni irse de fiesta y olvidarse (sólo por un momento) de tu vida real, para
luego despertar y darte cuenta, por contraste, de que tus emociones reales son
negativas la mayor parte del tiempo. Sino que se trata de aprovechar
conscientemente este periodo en paz para dejar surgir los brotes verdes de una
vida maravillosa de la que no tengas nunca ganas de huir.
Se trata de un proceso en algunos momentos doloroso, ya que nos obliga a mirarnos por dentro y analizar la clase de vida que llevamos y decidir cómo la queremos llevar, si ahora mismo no es tu vida ideal.
Debemos responsabilizarnos del
cambio de hábitos, de pensamientos y acciones que hacen falta para que nuestra
vida nos encante y sea mejor y mejor cada día, y no que esté deseando salir
corriendo de ella cada vez que mis obligaciones autoimpuestas me lo permiten.
Si no escuchamos las señales que nos piden
un "break", la mente a través de nuestro cuerpo nos enviará
algún tipo de enfermedad o dolor físico que nos pondrá en confinamiento y nos
obligará a parar, quieras tú o no.
Te invito desde estas líneas a que observes
tu realidad cara a cara, sin máscaras ni maquillajes y le aguantes la mirada estoicamente
hasta que sientas que la realidad te está observando a ti.
Como en un espejo. No le retires la mirada
cuando empiece a doler, que dolerá. Reconócete con serenidad y háblale a esa
realidad con la mirada. Deja que fluya hacia afuera todo lo que le quieras
decir y vacía la taza de tu mente. Y no tengas miedo a que vaya a permanecer medio vacía
durante un tiempo. No pasa nada, se está regenerando.
Tenemos la costumbre de no vaciar nuestros
armarios, cabezas o incluso nuestros corazones, pero si no lo hacemos no dejaremos
sitio a que se coloque nada nuevo. Las cosas buenas que queremos que entren en
nuestra vida necesitan su espacio para entrar, como la nueva temporada
primavera-verano, es como hacer un “Vinted” de nuestro interior cada vez que veamos que falta espacio.
De esta forma tomaremos la costumbre de ir renovándonos cada temporada, limpiar el fondo de armario y estar preparados de nuevo como la primera vez, reciclar nuestro pensamiento y nuestro corazón y resurgir de nuevo cuando sintamos que ya sea el momento de volver a ofrecer al mundo nuestra mejor versión actualizada.
No te arrepentirás.
Feliz camino ;)
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